El otro día me acordé de mi amigo Telmo y de su extraña idea de abrir el Diccionario de la lengua española por una página al azar y fijarme en una palabra cualquiera. La ganadora fue “privilegio”, según la RAE, “Exención de una obligación o ventaja exclusiva que goza alguien por concesión de un superior”, lo cual me pareció una definición un poco gris, igual que los hombres de Momo, y pensé en la idea de Telmo de hacer un diccionario de verdad, que incluyera un matiz personal o sentimental. Yo, como redactora de ese diccionario “especial”, definiría privilegio de mil maneras que no fueran esa, y una de ellas sería “ver un concierto de Diego Naranjo en el Libertad 8 como despedida de mi verano”.
Seguro que a mucha gente se lo ocurrirían otros mil planes que hacer la noche del 30 de agosto, pero para mí, y para el resto de la gente que estuvimos en la calle Libertad a las diez de la noche, creo que ninguna otra cosa hubiera podido sustituir esas dos horas de música que pudimos disfrutar.
Primero porque hacía mucho tiempo que no veía el Libertad tan lleno, no solo caras conocidas, sino también gente que no había oído salir un acorde de la guitarra de Diego en su vida, y me gusta recordar su cara de asombro en cuanto oyeron la primera canción, “Javier y Teresa”.
Luego sonó una preciosa canción nueva “No me importa” para continuar con todas las del segundo disco, llamado “Piedra, papel o Tijera”. Pudimos disfrutar al ritmo de “Echo de menos” (entre otras cosas, las llamadas perdidas que a todos tanto nos gustan cuando estamos perdidamente idiotas, es decir, enamorados), “Desnuda”, que la escribió tras escuchar la historia de la ruptura de un amigo suyo con su novia, y de otras tantas como “Cien razones”, “Hacerte el amor” o la propia canción que da nombre al disco.
Pero, rompiendo una de las reglas de la crónica periodística que es la objetividad sobre lo que escribes, tengo que reconocer que llevaba toda la noche esperando escuchar “Desnudando a Eva”, que, volviendo a quebrantar lo que decía mi profesora sobre que las crónicas deben ser asépticas, creo que es la mejor canción del mundo, y las palmas de todos los espectadores al ritmo de la canción evidenciaron lo mucho que gusta.
En el momento álgido siguieron otras dos canciones que me encantan, “Padres”, que ya de por sí es una canción bonita, pero si encima tienes el gusto de conocer a los padres de Iván y Diego, encuentras mucho mas significado a la misma y tienes que disimular para que no se te caiga la típica lagrimita, como le paso a Julia.
Luego siguieron los besos que nuestro cantautor tiraba a la estación desde su ventana en “El loco del balcón” y las asignaturas que se dejaba para septiembre en “Cara oculta”, como olvidar a esa persona tan especial y recuperar amistades, que es un tema precioso porque Diego ha sabido reflejar en esa canción lo que nos pasa a todos, que nos dejamos las cosas difíciles no para septiembre, sino para última convocatoria en muchos casos, por cobardía de afrontarlas.
Después, sonaron unas cuantas canciones nuevas, como “Otra vez”, “Tu lado de enfrente” o “Contigo” que nuestro protagonista escribió tras leer el libro “Invierno en Lisboa”.
No faltaron invitados especiales, como el conocido cantautor Marwan, que ha colaborado en el disco “Piedra, papel o tijera” cantando junto a Diego la canción de “Intermitente”, que interpretaron juntos en el escenario, para posteriormente cantar Marwan en solitario un tema suyo, “Canción a mi padre”. Otra invitada especial fue Marta Tchai, cantautora que nos ganó a todos con su simpatía y con la canción que cantó, animada y de letra muy ocurrente. Siguieron “Los cuatro caminos”, otra buena canción interpretada por Alberto y Ángel. Estaba claro que esa noche había nivel en el Libertad 8, seguro que los gatos que pasaban por la calle se pararon en la puerta a escuchar.
Y, para terminar, Diego cantó esas canciones que todos conocemos tan bien y que llevábamos todo el concierto pensando... pero... ¿!Cómo es posible que no vaya a cantar esta!? Y esas canciones son las del primer disco, que ya nos sabemos como el abecedario, y nos encanta cuando empezamos a escuchar los acordes de “Tu ausencia” y aquello de “Es tan corto el amor y tan largo el olvido”, aunque eché de menos (nunca mejor dicho) la introducción hablada que Diego suele hacer en esa canción, así como algunas canciones que esa noche no sonaron, como “Malagón” o “El Dragón y la Serpiente”, así que aprovecho esta crónica, rompiendo otra de las reglas periodísticas, para pedirle al autor que en el próximo concierto deleite nuestros oídos, por lo menos con “Malagón” porque todos los que tenemos un “pueblo” al que hemos ido desde pequeños, nos encanta escucharla.
Ni que decir tiene que luego sonó “Tanto”, la canción preferida de Iván del primer disco y yo tengo que reconocer que en mi corazoncito esa canción hace sombra a “Desnudando a Eva”, pues que la radio, la tele y el coche nos pregunten cada noche por ti, es una de las cosas que hacen que la vida valga la pena. Y terminó el concierto con una petición un poco especial a la que Diego no podía negarse, así que tuvimos la suerte de escuchar también “Cristina” del primer disco.
Y es que, aunque él se defina a si mismo como uno de esos tipos raros que se toman una caña a las diez de la mañana, en mi opinión, y creo que en la de unos cuantos más, la calificación de gran artista también la lleva sobre sus espaldas.
Madrid, a 31 de agosto de 2008